Ayer andaba dándole vueltas a la cabeza con el tema de la realización personal, las frustraciones etc, seguramente por todo el tute que me he metido con la dichosita obra del baño, la limpieza, la decoración… en fin, que seguramente andaba mi cabeza que ya no podía más, y parió la abuela!
Me acordé de la película Lost in Translation porque, además de ser una de mis favoritas (no sé si la mencioné en el post de pelis, pero así es) ayer me sentía especialmente identificada con su protagonista. Ella se devanaba los sesos cuestionándose cuál era su vocación, ya que había terminado su licenciatura en Filosofía y no sabía como encaminar su vida fuera del ámbito de su pareja.
Recuerdo que siempre quise ser bailarina y, hoy por hoy tengo que confesar que donde más disfruto es en las clases de baile, a pesar de estar en el círculo de las Artes Marciales. Supongo que esto viene a colación también porque este fin de semana tendré en casa a Alba Hayal, la mejor bailarina de danza oriental de España, que viene a impartir un seminario a mi Centro, y cuando la vi bailar el año pasado quedé impresionada de lo que trasmitía en el escenario. Su cara rebosaba satisfacción y plenitud, sensación de haber logrado lo que quería, y aquí me planteé, no tanto lo que hubiera sido yo de haber podido escoger, sino de lo que sería la humanidad si siguiera sus instintos en cuanto a vocaciones y oficios se refiere. Al fin y al cabo, si les confieso mi trayectoria (entre nosotros) he de decir que mis pies podrían estar orgullosos de haber pisado uno de las mayores cantidades de aulas que ha pisado alguien que no ejerce la docencia. La “titulitis” es una enfermedad que asola nuestra comunidad (que no solamente nuestro país) pero de nada sirve ser abogado, diseñador publicitario, mediador deportivo en prevención de drogodependencias, etc. si la satisfacción no entra dentro de tu vocabulario, puesto que hemos pasado de ser seres que trabajan para vivir a ser “entes que viven para trabajar”. En este sentido siempre lo he tenido muy claro, mi vocación es artística y no pienso ejercer algo más allá de la pura supervivencia si no cumple unas mínimas expectativas de realización en el más filosófico de los sentidos, y esto no quiere decir que no sea una persona trabajadora, que he tenido que ejercer papeles que nunca imaginé, tales como el de administrativo contable o jefe de departamento contable sin tener “pajolera idea” de lo que es la contabilidad, pero si uno se tiene que poner, se pone y saca p’alante lo que sea, jajaja!
Fuera bromas, pienso que si muchos de nosotros nos hubiésemos guiado más por nuestros instintos y pasiones en vez de por “la pela” habría menor número de personas frustradas en este planeta intentando incordiar al resto.

Por cierto, ¿qué soñábais ser de pequeños y en qué os habéis convertido?

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