El mundo entero está en crisis. Pero, ¿Qué clase de crisis es esta que permite que las multinacionales despidan cientos y cientos de trabajadores por descender sus ganancias en un 2%? ¿Qué crisis económica permite patrocinar regatas y carreras de fórmula 1 mientras tantos trabajadores quedan en la calle sin posibilidad de volver a acceder a la vida laboral?

Desde luego, más que una crisis económica, estamos viviendo una crisis de humanidad. Da igual quién esté al frente de éste o aquel gobierno, miramos impasibles cómo se violan los derechos humanos día tras día alrededor de nuestra esfera azul, haciéndonos eco de algunos, de otros no tenemos ni conciencia de que existan. Destrozamos todo aquello que cae en nuestras manos mientras ruedan lágrimas de cocodrilo a través de nuestras duras mejillas.

Nos encantan los documentales de naturaleza, pero nos sorprendería ir de excursión al monte y encontrar un simple animalucho rondando atrevido por las cercanías del territorio del hombre. Nos apasiona discutir sobre el bien o el mal y criticar las acciones ajenas cuando en nuestra propia casa no hacemos nada. Cuánto sabemos de economía cuando se trata de criticar el trabajo de los demás, cuánto de política internacional cuando toca condenar países que jamás hemos visitado y de los que apenas tenemos difusas noticias relatadas según cómo dependiendo de según quién nos las cuente.

Tal vez estemos a tiempo, tal vez no, pero lo que es seguro es que no debemos albergar mayor esperanza que comenzar a aportar desde nosotros ahora mismo y dejar de depositar nuestras expectativas en personas que, al fin y al cabo sólo son seres humanos, como nosotros.

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